8 de gener del 2015

escribo poco y cada vez peor.

la suerte es que leo, que busco palabras donde yo ya no sé ponerlas

la suerte es que el vacío es tan grande que ya no me ahogo y pretendo adaptarme

pero la suerte, la verdadera suerte es haber comprendido por fin la banalidad de las masas, la banalidad del arte culturizado, la pérdida del sentido al enseñar lo própio, la pérdida inconsciente de la transparéncia al enseñar aquello hecho con las manos.

Mis manos ya no son mías si las enseño. Mis manos ya no son mías si las juzgan voces ajenas. Mis manos ya no son mías si las rompen a consciéncia. Ni siquiera yo puedo romperlas, ni siquiera yo puedo juzgarlas. Mis manos ya no son mías si se hacen de ti.

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