5 d’octubre del 2014

 El Alce


Apenas hablaba, sentada en un taburete alto de esos que nunca me han parecido cómodos, ni siquiera un buen invento, pero ella había decidido que nos sentaríamos ahí fuera para poder fumar. Hacía tanto frío que no dejaba de frotar mis manos contra las piernas, mientras me hablaba pensé sobre qué preferiría que se me congelase antes -las manos, para poder correr, afirmé con rotundidad-. Estabamos fuera por una razón más que el tabaco, por esos dos desconocidos de la mesa de al lado. Yo a penas los miré, pocas cosas me importaban menos, seguía pensando que en algún momento me congelaría para siempre y todos se olvidarían de mí. Sin embargo Lola seguía con esa comunicación no verbal tan particular que tenía cuando quería ligar, y en ese momento lo estaba deseando. Esos chicos eran lo que ella quería, me había estado hablando del amor de su vida durante horas, días incluso, al parecer la había abandonado por ser un alma libre, se fué a la montaña a vivir con las cabras... "No hay que atar a un pájaro" me decía, "Te dejó por otra" pensaba yo, lo tenía claro, pero nunca me atreví a decírselo, en el fondo me daba pena su vida. Más que la mía.

Empezé a cansarme de estar ahí sintiéndome tu punto de apoyo para hacerte la interesante, decidí ir al lavabo, me lavé la cara y las manos con agua caliente, tanto que los cortes por el frío empezaron a sangrar - mierda, me voy a casa, total para cuando ella esté follando yo tendré que esperar en la habitación de al lado como una imbécil-. Salí dedicándole mi mirada más dulce a Pau, el camarero que conseguía que todo tuviera un poco de sentido en ese antro oscuro. No había manera de pasar de las miraditas a una frase entera, asco de timidez que me hacía tropezar con la vida. Abrí la puerta del bar y fuí directa a darle un beso a Lola para despedirme
- Tengo frío y sueño, bueno, no sé en qué orden.
- Joder, como eres... Vale, me acabo esto -señaló la cerveza- y te llevo.
Acepté rapidamente con una sonrisa sincera, no había pensado en la media hora de camino que me esperaba si me iba andando a casa. En ese momento el chico más bajito de los dos decidió acercase a nosotras, Lola volvió automáticamente a retomar sus gestos de mujer dispuesta a enamorar a cualquiera.
- Hola? - dijo él.
- Hola - contestó Lola con una picardía que nos dejó atónitos a los dos. - ¿Y tú eres?
- J. Perdona que os moleste, pero estoy ahí con mi amigo y llevamos rato con ganas de hablar con vosotras. - le dediqué una mirada de aburrimiento que entendió rapidamente. Ahora Lola querrá que me quede para entretener al que menos le guste, que noche más predecible, tendría que haberme ido antes.- No somos de aquí, acabamos de llegar a la ciudad y mañana partimos hacía Francia. Sabeis algún lugar donde poder montar la tienda de campaña y pasar la noche?

Por unos segundos empezó a interesarme la situación. El otro chico, estaba sentado liándose un porro, subió la mirada y me pilló mirándolo, no sé qué pasó en ese cruce desconocido, pero me olvidé del frío.



(me pediste que escribiera el día que nos conocimos para guardalo siempre, lo hice y luego me enviaste una fotografia tuya llorando, así acaba todo siempre, deberías saberlo)

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