Cada vez que me siento aquí me invade la tristeza más absoluta. Da igual el aquí como lugar físico, la cuestión es el aquí familiar. No sé salir, ni sabemos ninguno, lo intentamos a veces. Me duele tan profundamente que me creo valiente como para acabar con esto de una puta vez. Irme lejos es lo que me grito siempre, de mente a veces, de cuerpo otras, para no volver; todas. Lo juro y lo perjuro, hasta que aparece ella y me clava su mirada tantas veces estudiada que me ancla a toda ésta mierda. No me abandones con ésto. Jamás me lo ha dicho, pero siempre puedo escuchar como lo susurra cuando se acerca en busca de la reconciliación. Nos cansa y eso no os importa, nos estamos cansando mutuamente pero no os importa, nos dolemos una vez tras otra pero no os importa. Y el tiempo se acaba y algo malo pasa, porqué siempre pasa algo malo cuando se está muy mal, para rematar, para tocar hondo y luego no salir de ahí. No saber salir. No querer salir.
Me ahogo en vuestros gritos sin voz. Sin voz que nos enseñe como aprender.
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